El Profeta Muhammad

Una gota del mar; una investigación sobre la vida del Profeta del Islam, el Hadrat Muhammad (PBED)

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Una gota del mar; una investigación sobre la vida del Profeta del Islam, el Hadrat Muhammad (PBED)

Escritor: Hadi Asgari

Traductor de persa a español: Hamide Ajawas

1. Introducción

Desde los primeros siglos del Islam, hasta el momento, diversos escritores, biógrafos  chiíes y suníes han escrito sobre la historia de la vida del Profeta del Islam, el Hadrat Muhammad (PBED, la paz y las bendiciones sean con él y con sus descendientes). Por lo tanto, hay muchos escritos al respecto, pero, en algunos casos, hay diferencias entre estas escrituras. En este artículo, intentamos presentar, según fuentes fidedignas, un resumen de los acontecimientos importantes en la vida del Último Profeta  enviado por Dios, el mensajero de la misericordia y la bondad.

   

2. El nacimiento y origen

Hace más de 1400 años, el Profeta Muhammad ibn Abdulá (Muhammad hijo de Abdulá), nació un viernes 17 del mes Rabi al-Awwal (tercer mes del año lunar), alrededor del año 570 (DC), en la ciudad de La Meca, actual Arabia Saudí[1].

Cuando nació ocurrieron sorprendentes sucesos en varias partes del mundo. “Todos los ídolos cayeron al piso de la Kaaba  (Casa de Dios, ubicada en La Meca); Una parte del Taq-i Kisra (Iwan  de Cosroes ) en la ciudad de Ctesifonte (actual Irak), y catorce de sus alas fueron destruidas; Fue encontrado agua en la ciudad seca de Samawa , sur de Irak; Se apagó el fuego en el Templo de Fars, tras mil años; Una luz vino de la región de Hiyaz, en el noroeste de Arabia Saudí hacia el este; Los sacerdotes árabes olvidaron su conocimiento; Los brujos fracasaron. Un Arcángel de Dios descendió al monte Abu Qubais, y llamó al pueblo de la Meca “creer en Dios y su Profeta”[2].

Muhammad descendía del Profeta Ismail , hijo del Profeta Abraham  (la paz sea con él), así como de los profetas Ulul Azm (profetas de gran estatura) como Noé y Adam (P)[3], todos los cuales eran monoteístas, honestos y elegidos por Dios Todopoderoso[4]. Su padre, Abdulá ibn Abd al-Muttalib[5] fue un hombre de buen carácter de la tribu de Quraish, quien murió en la ciudad de Medina antes de ver nacer a su hijo Muhammad, mientras volvía de un viaje comercial[6]. La madre de Muhammad fue Amina bint Wahab (Amina hija de Wahab), la que era una mujer virtuosa y monoteísta[7].

A pesar de que los pueblos esperaban el nacimiento del Profeta prometido en los libros sagrados ancestrales, algunos preferían que esto no ocurriera, ya que lo consideraban como una amenaza a sus privilegios sociales y religiosos. Por lo tanto, identificaron a los ancestros del Profeta, buscando asesinar a su padre Abdulá para evitar su nacimiento. Por eso, según los historiadores, la muerte súbita de su padre fue sospechosa[8].

El aumento de estos complots provocó que Amina le pidiera a una nodriza llamada Halima que se quedara con Muhammad durante un tiempo, fuera de la ciudad. Todos en la tribu de Halima estaban contentos con la presencia del Hadrat Muhammad[9], pero nadie sabía que él era el mismo Profeta prometido por todos los profetas anteriores y mensajeros divinos.

   

3. Antes de Mabaas  

 

3.1. Su infancia y adolescencia

A los cinco años, cuando los enemigos del Profeta dieron con él, Halima lo devolvió a su familia en la ciudad de La Meca, para preservar la vida de Muhammad.

Un año después, su madre Amina perdió la vida por una enfermedad[10], quedándose con él su abuelo Abd al-Muttalib durante dos años, y tras la muerte de su abuelo, el Profeta pasó a vivir con su tío Abu Talib[11], quien no escatimó esfuerzo alguno para apoyar a Muhammad.

A los 12 años de edad, Muhammad acompañó a su tío Abu Talib en una caravana comercial hacia Sham (Siria). Durante este viaje, un monje cristiano llamado Bahira visitó a Muhammad en la ciudad de Bosra (sur de Siria), y reconoció en él algunas señales de la profecía de Muhammad, y declaró con certeza que él era el Profeta prometido en los libros sagrados[12]. Por lo tanto, instó a Abu Talib a cuidar a este enorme tesoro (Muhammad), ya que algunos estaban haciendo todo lo posible por asesinar al “Último Profeta”.

Muhammad vivía en medio de conflictos, guerras y corrupción en Arabia Saudí, territorio que anidaba el centro de la idolatría por aquellos días. Pese a ello, nunca cometió ningún pecado. Siempre fue honesto y confiable, motivos por los cuales fue conocido como Muhammad Al-Amin (Muhammad, el confiable)[13].

   

3.2. La juventud del Profeta Muhammad (PBED)

   

3.2.1. El Pacto  de los virtuosos (Hilf-al-Fudul, en árabe)

Desde su juventud, el Hadrat Muhammad hizo todo lo posible para defender los derechos de los oprimidos. A los 20 años de edad, acordó un pacto con un grupo de los virtuosos, llamado “ Hilf-al-Fudul”, con el fin de tratar y ayudar a los oprimidos de manera intensa[14].

   

3.2.2. Matrimonio

Su confiabilidad atrajo a Jadiya, una mujer adinerada, y comerciante en la ciudad de La Meca. Jadiya le instó a conducir una caravana comercial hacia Sham. La mano derecha de Jadiya en esta caravana era su sirviente Maisara, quien muy pronto pudo percatarse de la voluntad de trabajo de Muhammad , así como su capacidad de persuasión entre sus compañeros y sus dotes para el comercio.

Al dar cuentas a Jadiya, ella quedó complacida y admirada de la perseverancia y fidelidad de Muhammad , a quienle propuso matrimonio más tarde. El Profeta aceptó su propuesta, porque era una mujer virtuosa, monoteísta y con rasgos positivos. A los 25 años de edad se casó con la doncella Jadiya, de 25 años[15]; mientras ella vivió, el Profeta no se casó con nadie más[16].

   

4. Mabaas y acontecimientos posteriores

   

4.1. Designación de Muhammad como el Último Profeta de Dios

El Hadrat Muhammad fue designado de parte de Dios como Su Profeta en un momento en que los pueblos vivían en la ignorancia, pobreza y en un ambiente corrupto, estaban sedientos de sangre, practicaban la idolatría y no creían en la existencia de Dios[17].

En el calendario islámico, el día 27 del mes de Rayab (séptimo de la hégira lunar), el Arcángel Gabriel descendió[18], recibiendo el Hadrat Muhammad la revelación de Dios, que lo designó como el último portador del Mensaje Divino, en calidad de profeta y mensajero para todos los seres humanos, con el fin de salvarlos.

El Arcángel Gabriel le reveló los primeros versículos del Sagrado Corán y le dijo: “Lee en el Nombre de tu Señor, el Cual ha creado. Ha creado al ser humano a partir de algo que está suspendido (de un coágulo). ¡Lee, que tu Señor es el Más Generoso! Es Quien ha enseñado por medio de la escritura. Ha enseñado al ser humano lo que éste no conocía”[19].

De esta manera, a los 40 años de edad, el Sello de la Profecía, Su Santidad Muhammad, fue designado de parte de Dios como el Último Profeta y enviado a la humanidad, empezando así la misión encomendada al  mensajero  de la misericordia y bondad, tal como lo que habían prometidolos anteriores mensajeros divinos a las naciones.

   

4.2. Los primeros musulmanes

Jadiya, esposa del Profeta, y el primo de Muhammad, Ali, (primer Imam de los chiíes) fueron las primeras personas que se convirtieron al Islam. Algunos otros también se convirtieron al Islam, posteriormente. En aquellos días, los miembros de la tribu de Quraish en la ciudad de La Meca practicaban la idolatría y traían muchas ofrendas para los ídolos, los que finalmente cayeron en manos de los jefes de este grupo. Por eso, el monoteísmo no les gustó a los oligarcas, ya que amenazaba sus intereses.

El Profeta comenzó su invitación al Islam de forma secreta durante tres años[20], para hacerla pública de manera ulterior, y conforme a la orden recibida por Dios, actuó: “Comunica, pues, claramente aquello que se te ha ordenado y apártate de los idólatras”[21].

El Profeta fue comisionado por Dios para invitar al Islam, primero, a sus familias y seguidores: “Y amonesta a tus familiares más cercanos”[22]. De esta forma, invitó a 40 de sus familiares, incluidos su tío Abu Talib y a su primo Ali, así como a su tío paterno, Abu Lahab, quien perturbó la reunión con sus palabras ridículas e hirientes. Al considerar esta situación, el Profeta repitió un día después la invitación a una ceremonia, y les dijo: 

“…Verdaderamente ningún guía miente a sus seguidores. Os juro que no hay más dios que Dios. Soy Su mensajero para vosotros y todo el mundo. ¡Oh Quraish! Moriréis -tal como os quedáis dormidos, y resucitaréis -tal como os despertáis del sueño. No hay ninguna duda de que os levantaréis de vuestras tumbas y seréis llevados ante Dios para dar cuentas de todo lo que habéis hecho en este mundo. En consecuencia, recogeréis el fruto de vuestras buenas acciones y tendréis que afrontar el severo castigo por el mal que hayáis hecho. Dios me ha ordenado que os llame  a Él. Cualquiera de vosotros que me apoye y acepte mi invitación (al Islam) se convertirá en mi hermano, fideicomisario y sucesor”.

Sólo Ali, de 15 años de edad, le respaldó. El Hadrat Muhammad repitió su invitación tres veces, pero fue Ali la única persona que respondió. Sobre la constante declaración de Ali, el Hadrat Muhammad le declaró su hermano, sucesor y fideicomisario, instando a la gente a obedecerle.

Al final de la reunión, Abu Lahab se rio de ellos, y declaró que Abu Talib debería inclinarse ante su hijo ahora que era un emir[23]. Sin embargo, Abu Talib hizo caso omiso de las declaraciones ridículas de Abu Lahab y volvió a apoyar a Muhammad como siempre, y obligó a los opositores a respetar y a callar.

   

4.3. Una invitación pública

Tras invitar a sus familiares m ás cercanos al Islam, el Profeta empezó a hacer la invitación en público. Por lo tanto, subió un día al Monte de Safa[24] para dirigirse a la tribu del Quraish allí reunida y les habló de la siguiente manera: “¡Oh Quraish!, si os dijera que sus enemigos se están preparando detrás de aquel valle para atacaros y arrebataros vuestras propiedades, ¿me creeríais?”. Todos le contestaron: “Sí, ya que nunca has dicho una mentira”. Tras haber recibido esta confirmación, el Hadrat Muhammad les dijo: “Entonces podéis estar seguros que se está acercando un fuerte castigo que caerá sobre los que se nieguen a  creer en Dios, y yo he sido enviado para advertiros de esto. Yo les advierto del castigo del Día del Juicio Final, como un hombre que ve al enemigo que puede dañar a su familia y les advierte”[25]. De esta manera, se inició la invitación pública a la religión más completa, el Islam.

   

4.4. Se inician los hostigamientos de los enemigos

Desde entonces se iniciaron las discrepancias. Las personas que se convirtieron al Islam se esforzaban por invitar a los idólatras a adorar a Dios. Por su parte, los idólatras intentaban perseguir a los musulmanes y obligarlos a renunciar a su fe, y al Islam, ya que los consideraban como una amenaza para sus intereses.

Los idólatras perseguían a todos los musulmanes, especialmente, al propio Profeta. Algunos ponían espinas en el camino que transitaba el Profeta, para que cuando saliera de su casa tuviera problemas al ir a rezar en un lugar fuera de la ciudad. Además, lanzaban piedras y basura contra el Profeta[26].

Cuanto más se extendió el Islam entre la gente, más aumentaron las conspiraciones y las persecuciones de los idólatras.

   

4.5. La amenaza y el soborno

Las molestias y torturas no impidieron al Profeta proseguir con su misión, al contrario, cada día más personas se convencieron a partir de las palabras del Profeta y de las aleyas del Corán. Por lo tanto, los politeístas de Quraish se sintieron amenazados más que nunca y visitaron a Abu Talib, instándole a no apoyar más a Muhammad o pedirle que dejara de invitar al Islam.

Mientras tanto, Abu Talib les dijo (a los politeístas): “Sois injustos. ¿Queréis que os dé a mi sobrino, quien invita al monoteísmo para matarlo? [27]; Esta vez, los politeístas ofrecían sobornos, y declararon que si Muhammad dejaba de invitar al Islam, le darían riquezas, dinero y cosas materiales.

En respuesta, el Profeta declaró: “¡Oh tío! Por Dios Todopoderoso juro, incluso si me pusieran el sol en mi mano derecha y la luna en la izquierda, que no abjuraría de esta causa, no lo haré hasta que Dios la haya vindicado”.

Viendo la emoción de su sobrino, Abu Talib respondió: “Por Dios juro que nunca dejaré de apoyarte. Concluye (sobrino) tu misión”. Abu Talib siguió hasta el último día de su vida apoyando a Muhammad, al hacer caso omiso a los reproches de otros.

   

4.6. La migración hacia Abisinia

En el quinto año, después de la designación del Último Profeta de Dios, el Hadrat Muhammad aconsejó a un grupo de unos 80 musulmanes, perseguidos por los politeístas de Quraish, que emigraran hacia Abisinia, donde reinaba un rey cristiano muy bondadoso, llamado rey Negus (Nayashi, en árabe).

Los musulmanes exiliados tenían como objetivo adorar a Dios en paz y seguridad, pero los politeístas de Quraish les persiguieron también hasta Abisinia, enviando una delegación a este territorio para exigirle al rey Negus que deportara a La Meca a los musulmanes, para que sean castigados.

Cuando el rey Negus llamó a los musulmanes a explicarle la causa de su migración, el primo del Profeta, Yafar ibn Abu Talib, declaró, como representante de los migrantes: “!Oh Rey! Estábamos sumergidos en la profundidad de la ignorancia y la barbarie; adorábamos ídolos; Vivíamos en la obscenidad; comíamos carroña, y hablábamos abominaciones. Ignorábamos todo sentimiento de humanidad, y los deberes de hospitalidad y vecindad. En ese momento, Dios designó de entre nosotros un hombre cuyo nacimiento, veracidad, honestidad y pureza ya conocíamos, y él nos llamó a adorar sólo a Dios; nos prohibió adorar ídolos y nos exhortó a hablar la verdad, a ser fieles a nuestras promesas, a ser misericordiosos, y reconocer los derechos de los vecinos. Además, nos prohibió hablar mal de las mujeres y consumir la propiedad de los huérfanos. Nos ordenó alejarnos de los vicios, abstenernos del mal, y rezar, pagar el Zakat (una ayuda caritativa que llega a los necesitados) y hacer el ayuno. Hemos creído en él y hemos aceptado sus enseñanzas. Por esta razón, nuestra tribu se ha levantado contra nosotros y nos ha perseguido para obligarnos abandonar la adoración a Dios y regresar a la adoración de ídolos. Al no encontrar seguridad entre ellos, hemos venido a tu país y esperamos que nos protejas de esa opresión”.

Entonces, el rey Negus le pidió: “Recítame algo de las aleyas que el Profeta les ha enseñado”.

Yafar recitó las primeras aleyas del capítulo María (del Sagrado Corán), donde se narra la historia del nacimiento de Jesucristo y de su madre virtuosa. El rey, junto a los obispos, se vieron tan impresionados que lloraron. Entonces, el rey Negus expresó: “Por Dios juro, que estas palabras, y las que fueron reveladas a Jesús, se han originado de la misma fuente Divina, son rayos de luz emanados de la misma fuente.”

Acto seguido, Negus les dijo a los politeístas: “Nunca os devolveré los musulmanes migrantes”.

La delegación de los politeístas de Quraish tuvo que regresar desilusionada a La Meca[28].

   

4.7. El bloqueo económico

Con el fin de presionar al Profeta y al resto de los musulmanes en La Meca, los politeístas de Quraish firmaron un tratado, según el cual cortaron las relaciones con Muhammad y sus seguidores, prohibiendo cualquier intercambio con ellos. A renglón seguido, estipularon que todos debían cooperar con los enemigos del Islam, en todos los sucesos, según lo dispuesto. Complementario a esto, pusieron el tratado en la Kaaba y juraron su compromiso con el tratado.

Abu Talib, que siempre apoyaba a Muhammad, instó a los politeístas a permitirles (al Profeta y los musulmanes) vivir en el valle de Abu Talib, alejado de los idólatras. Los politeístas aceptaron su demanda, ya que de esta forma ninguna otra persona sería influenciada por el Islam.

Los musulmanes soportaron las más difíciles condiciones de vida e incluso pasaron hambre durante tres años en el valle de Abu Talib junto al Profeta. Sólo en cuatro meses del año lunar, los cuales se adoptaron como sagrados, estipulándose la prohibición de pelear durante estos meses (Rayab, Muharram, Dul -Hiyya y Dul-Qada), los musulmanes salían de esta zona para propagar la religión y comprar alimentos. Mientras tanto, los politeístas, especialmente, Abu Lahab, compraban todos los bienes para venderlos a altísimos precios para que los musulmanes no pudieran comprarlos. Los musulmanes siguieron resistiendo ante esa difícil situación. Posteriormente, el Profeta recibió la revelación de Dios que le informó que las termitas se habían comido el tratado, y que sólo prevaleció en el documento el nombre de Dios. Abu Talib informó lo sucedido a los politeístas, quienes fueron a la Kaaba y vieron que todo lo que dijo el Hadrat Muhammad era del todo correcto. Fue así como el bloqueo contra los musulmanes terminó, pudiendo salir del valle.

Unos meses después, Abu Talib y Jadiya, esposa del Profeta, perdieron la vida. Debido a la tristeza por la muerte de ellos, el Profeta denominó aquel año como “el año de los dolores” [29].

   

4.8. La propagación del Islam en Yasrib (Medina)

Cada año, un gran número de personas, de varias tribus árabes, visitaban La Meca para realizar la peregrinación del Hach, y adorar los ídolos en la Kaaba. En aquel año, varios pueblos de Yasrib visitaron al Profeta y se convirtieron al Islam. Tras haber sido cautivados por sus declaraciones, volvieron a su ciudad para informar a otros de esta religión.

Durante la peregrinación del Hach, al año siguiente, más pueblos de Yasrib conocieron al Profeta y al Islam; por lo tanto, el Hadrat Muhammad envió a uno de sus amigos para enseñarles el Corán y las leyes del Islam. Un año después, un gran número de personas juraron lealtad al Profeta en una región conocida como Aqaba, donde se comprometieron a apoyar al Profeta, a sus seguidores y a sus familias. De esta manera, se allanó el terreno para la migración de los musulmanes a Yasrib, denominada, posteriormente, Medina. Por lo tanto, e l Hadrat Muhammad aconsejó a los musulmanes que migraran a Medina para deshacerse de las presiones de los politeístas e invitar a más personas adorar sólo a Dios[30]

    

4.9. La migración a Medina

De esta forma, los musulmanes se fueron a Medina. Sólo el Profeta y Ali, junto con otros musulmanes que estaban enfermos o en las cárceles de los politeístas, se quedaron en La Meca.

Cuando los politeístas se dieron cuenta de esta migración, decidieron atacar la casa del Profeta y matarlo; Por lo tanto, designaron a cuarenta personas para irrumpir durante la noche en la casa del Hadrat Muhammad y asesinarlo. Estas personas fueron elegidas de diferentes tribus, para que los Bani Hashim (uno de los clanes famosos de la tribu de Quraish) no pudieran tomar venganza.

Mientras tanto, el Ángel de Dios le reveló este plan de los politeístas. Al darse cuenta de este plan, Ali, primo del Profeta, aceptó dormir en la cama del Profeta, para simular su lugar en la casa del Hadrat Muhammad, para que la gente de La Meca pensara que el Profeta aún estaba allí. De esta manera, el Profeta consiguió escapar en secreto cuando la gente de La Meca iba a matarle[31].

Cuando los politeístas descubrieron que había sido Ali el que estaba en la casa del Hadrat Muhammad, y que se había ido, se enfurecieron muchísimo. Gracias al fracaso de los politeístas, el Profeta pudo seguir sin contratiempos su misión celestial.

   

4.9.1. La entrada a Medina

La entrada del Profeta y los musulmanes en Medina, abrió un nuevo capítulo en la vida de Muhammad y en la historia del Islam. La migración de los musulmanes de La Meca a Medina, con el fin de establecer una vida social islámica, fue el primer gran paso hacia la victoria, la difusión y la globalización del Islam. Gracias a la importancia de esta migración, aquel año (el año 622) se registró como el comienzo del calendario  islámico de la Hégira Lunar, lo cual fue propuesto por el Imam Ali.

El Profeta estableció la paz y la reconciliación entre las tribus de Aus y Jazray, cuyos antiguos conflictos llegaron a su fin. Poco después de la migración, el Profeta estableció un pacto de hermandad entre los Muhayirin (los musulmanes que emigraron de La Meca a Medina) y los Ansar (los habitantes de Medina que acogieron y ayudaron al Profeta y a sus compañeros). El Hadrat Muhammad, concedió, de igual forma, seguridad a las tribus judías, dentro y fuera de Medina[32].

Todo esto se produjo mientras que los politeístas, entre varios otros, no podían soportar esta situación y comenzaron a luchar, oponerse, sembrar discordia e incluso atacar a los musulmanes. Por eso, desde el segundo año de la Hégira L unar, los musulmanes se vieron obligados a defenderse en las guerras que desataban los politeístas.

   

4.9.2. Las batallas del Profeta

El Profeta, denominado por Dios como “Misericordia para todo el mundo”, pasó tiempos difíciles para guiar a  la humanidad al camino que lleva a la felicidad y la vida eterna, y  siempre fue oprimido a lo largo de la historia. No conformes con ello, sus enemigos lo acusaban de ser mentiroso, sediento de sangre y belicista, pese a que nunca había iniciado una guerra. Mientras tanto su llamado a la redención no les gustó a los opositores, opresores y politeístas, quienes lanzaban piedras y heces de animales contra el Profeta.

A pesar de todos los insultos y amenazas de los politeístas, el Profeta siguió llamando a la humanidad a la rendición, y no aplazó su misión ni por un momento.

Decididamente defendió a los pueblos oprimidos, a los inocentes y a los torturados que siguieron el camino del monoteísmo y la verdad.

La historia muestra que todas las primeras batallas del Islam fueron impuestas a los musulmanes por sus enemigos a partir de conspiraciones, mientras que ellos sólo defendieron su vida, como les había aconsejado el Profeta, y no iniciaron ninguna batalla. En caso de ser necesario, el Profeta acompañaba a los musulmanes en la lucha contra el politeísmo y la opresión. El Hadrat Muhammad participó en las batallas de Badr, Uhud, Jandaq, Hudaibiya y Jaibar, y estuvo dispuesto a sacrificar su vida para defender los derechos de los musulmanes y la justicia.

A pesar de que todas estas batallas fueron impuestas a los musulmanes, el Profeta, tras vencer en las batallas, trataba con bondad y justicia a los enemigos. Incluso, tras la conquista de La Meca , el Hadrat Muhammad no tomó venganza contra los politeístas, ya que éstos torturaron a los seguidores del Profeta de Dios. La conquista de La Meca habría sido una buena oportunidad para tomar venganza de sus enemigos, pero el Profeta denominó a quel día como “el día de la misericordia”[33], concediendo una amnistía general para todos[34].

El Profeta demostró a todo el mundo que el Islam tiene por objetivo liberar a la humanidad del cautiverio y esclavitud, y llamarlos hacia Dios, la bondad, la pureza y otros valores.

   

4.10. Los últimos años de la vida del Profeta

   

4.10.1. La Peregrinación de Despedida (El último viaje del Profeta a La Meca)

En el décimo año, después de la emigración, equivalente al año 632 DC, el Profeta, que pasaba los últimos meses de su vida, se preparó para salir hacia La Meca para realizar los rituales de la peregrinación del Hach, llamando a todos los musulmanes a prepararse para realizar esta peregrinación. Más de cien mil personas provenientes de todos lados, se habían reunido cerca de Medina. 

En un sermón ofrecido ante miles de musulmanes en el desierto de Arafat  (actual Arabia Saudí), el Profeta declaró: “¡Oh gente! Escuchad mis palabras, debido a que no se si he de encontrarme con vosotros en este lugar después de este año. Ciertamente, vuestra vida y vuestros bienes son sagrados, como son sagrados este día de hoy y este mes, hasta que visitéis a Dios; y cualquier violación a los mencionados son prohibidas”. Del mismo modo, llamó al pueblo a la igualdad y a la fraternidad, a respetar los derechos de las mujeres, a respetar las leyes divinas, prohibiéndoles oprimir y violar las garantías de otros, aconsejándoles a actuar con rectitud[35].

   

4.10.2. Ghadir al-Jum

En el décimo año, después de la emigración, cuando el Profeta regresaba de la Peregrinación de Despedida, junto con decenas de miles de musulmanes, llegó a un lugar llamado Ghadir al-Jum, donde el Arcángel Gabriel descendió y le reveló este versículo: 

“!Oh, Mensajero! ¡Transmite lo que ha descendido a ti procedente de tu Señor! Y, si no lo haces, será como si no hubieses transmitido nada de Su mensaje y Dios te protegerá de las gentes. En verdad, Dios no guía a la gente que no cree”.

Conforme a la orden recibida por Dios, el Profeta tenía que designar a su sucesor para guiar a la humanidad. Por lo tanto, luego de guiar la oración del mediodía, el Profeta se dirigió a la multitud y ofreció un sermón, en el cual dijo:

¡Oh, gente! Por cierto que sólo soy un ser humano al que se le acerca el momento en que debe responder la llamada de su Señor, para la cual estoy preparado. Dejo entre vosotros dos tesoros; si os aferráis a éstos, nunca estaréis extraviados; el primero es el Sagrado Libro de Dios (el Corán) y el otro es mi descendencia y Ahlul Bait  (Familia del Profeta del Islam). Estos dos tesoros no se separarán hasta estar junto a mí al lado de la Fuente Al-Kautar (significa la abundancia) en el Día del Juicio”.

En la aquella ocasión, enfatizó: “¡Oh, gente! ¿Quién tiene primacía entre vosotros antes que vosotros mismos?”; La gente respondió: “Dios y su Profeta saben más”.

Entonces llamó a Ali (su primo), tomó su mano y la elevó para que lo reconociera la gente y dijo: ¡Oh, gente! De quien yo sea su Maulá (Señor), éste, Ali, es su Maulá (después de mi muerte)”. Aprovechó también de designar y presentar a los once sucesores luego de Ali, siendo todos sus descendientes, y expresó que en cualquier época, en la que vive un grupo de personas, hay un guía vivo. Por lo tanto, cada persona que busque orientación y prosperidad debe recurrir a este guía vivo de su época; es decir, uno de estos doce guías.

Después de esta proclamación, los musulmanes se acercaron a Ali para felicitarle por esta autoridad, investida por inspiración divina y por el Profeta en persona, jurando lealtad a Ali en el día dieciocho del mes Dul -Hiyya[36].

El Profeta falleció a los 63 años en la ciudad de Medina, el día 28 de Safar, del año 11 de la hégira y fue sepultado junto a la mezquita construida por él en esta ciudad.

La paz de Dios sea con él y con sus descendientes, quienes no escatimaron ningún esfuerzo para guiar a la humanidad, como un padre compasivo.

   


[1] Al-Maylisi, Bihar al-Anwar, Vol. 15, P. 248.

[2] Saduq, Al-Amali, Vol. 1, P. 285.

[3] Bihar al-Anwar, Vol. 15, P. 36.

[4] Ídem, P. 117.

[5] Ídem, P. 280.

[6] Koleini, Kafi, Vol. 1, P. 439.

[7] Bihar al-Anwar, Vol. 15, P. 281.

[8] Ídem, Págs. 91-93.

[9] Kafi, Vol. 1, P. 448.

[10] Ídem, P. 439.

[11] Ídem, P. 440.

[12] Bihar al-Anwar, Vol. 15, P. 193.

[13] Ibn Hayyun, Numan ibn Muhammad al-Maghribi, Sharh al-ajbar fi fadail al-Aimma al-Athar, Vol. 1, P. 182.

[14] Al-Raghib al-Isfahani, Al-Mufradat Alfaz El-Corán, Vol. 4, P. 68, nota a pie de página.

[15] Tabaqat al-Kubra, Vol. 1, P. 132; Ibn Katir, Al-Sira al-Nabawyia, Vol. 1, P. 264.

[16] Bihar al-Anwar, Vol. 16, Págs 8-13.

[17] Nahy al-Balagha, Sermón 26, P. 68; y Sermón 93, P. 137.

[18] Bihar al-Anwar, Vol. 18, P. 189.

[19] El Sagrado Corán, (96:1-5).

[20] Bihar al-Anwar, Vol. 18, P. 177.

[21] El Sagrado Corán, (15:94).

[22] Ídem, (26:14).

[23] Bihar al-Anwar, Vol. 18, P. 178.

[24] Un monte en la ciudad de La Meca y en el lado oriental de la Mezquita Al-Haram.

[25] Bihar al-Anwar, Vol. 18, P. 185.

[26] Ídem, P. 187.

[27] Al-Rawandi, Qisas al-Anbiya, Vol. 396, P. 318.

[28] Qisas al-Anbiya, Vol. 402, P. 322.

[29] Kafi, Vol. 1, P. 440.

[30] Bihar al-Anwar, Vol. 19, Págs 29-31.

[31] Ídem, P. 48.

[32] Ídem, P. 104.

[33] Ibn Abi al-Hadid, Sharh Nahy al-Balagha, Vol. 17, P. 272.

[34] Bihar al-Anwar, Vol. 21, P. 91.

[35] Ídem, P. 383.

[36] Ídem, P. 383.

   

 

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